Atanasio Guerrero:

El alcalde de carácter indomable

que detonó el comercio en el Rincón

SERIE ESPECIAL:

PERFILES CONMEMORATIVOS 420 AÑOS DE SAN FRANCISCO DEL RINCÓN

Por: Alicia Juárez

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SAN FRANCISCO DEL RINCÓN, GTO. — Corría la primera mitad del siglo

XIX y el México recién emancipado padecía la parálisis económica, los asaltos

en los caminos y la fragilidad institucional. En medio de ese panorama

incierto, emergió en tierras francorrinconenses la figura de don Atanasio

Guerrero, un hombre de complexión atlética, temple enérgico y visión

pragmática a quien la historia reconoce como el verdadero arquitecto de la

autonomía comercial de San Pancho.

Originario de las inmediaciones de la Hacienda de la Sarteneja —finca que

administraba en propiedad—, Guerrero combinaba el vigor de los hombres de campo

con un celoso sentido del deber ciudadano y religioso.

Una jugada audaz:

La exención fiscal que cambió el destino local

En 1838, al asumir por primera ocasión la responsabilidad de Alcalde Único

Constitucional, Guerrero identificó una problemática crítica: la actividad

mercantil de la región se encontraba cautiva y centralizada en los poblados

vecinos. San Francisco corría el riesgo de quedar relegado a un mero caserío de

paso.

Con audacia política, decretó la exención total del pago de derechos de

plaza a cualquier comerciante o mercader que acudiera a vender sus productos a

San Francisco del Rincón. La medida provocó duras protestas y la airada

reacción del Ayuntamiento de León —del que políticamente dependía el poblado en

esa época—, el cual anuló la disposición e intentó sancionar al alcalde.

Sin embargo, el golpe estratégico ya estaba dado. Los comerciantes probaron

plaza en San Francisco y no se volvieron a ir. Aquel atrevimiento sentó las

bases para que los tianguistas, tejedores de palma y abarroteros fijaran sus

centros de acopio en los portales del pueblo, dando origen al floreciente

comercio local que perdura hasta el presente.

Obras para la posteridad y defensa territorial

El paso de don Atanasio por la alcaldía —reelecto en 1841, 1843, 1848 y

1850— dejó huellas materiales decisivas. Bajo su gestión se impulsó la

edificación de la Casa de las Recogidas, la cárcel municipal y las primeras

Casas Consistoriales concluidas en 1841. Asimismo, organizó patrullas locales

para defender a la población contra los constantes atracos de los salteadores

de caminos.

En 1852, a la cabeza de una milicia cívica conocida popularmente como los "yedras"

por la peculiaridad de sus uniformes, exigió con firmeza la restitución de los

archivos históricos municipales que habían sido trasladados de forma

arbitraria.

El 2 de enero de 1854, mientras perseguía las bandas de facinerosos que

asolaban la región, fue emboscado y muerto en Numarán, Michoacán. Su legado

como el alcalde pionero que defendió los límites y el porvenir comercial del

municipio sigue vivo en la memoria de la ciudad.

   HECHOS CLAVE DE SU GESTIÓN
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   • 1838: Exime impuestos de plaza para atraer a los comerciantes a la villa.

   • 1841: Concluye la construcción de las Casas Consistoriales.

   • 1852: Organiza la milicia local "Los Yedras" para resguardar la soberanía.


A 420 años de la fundación de la ciudad, recordar a aquellos pioneros del gobierno local nos devuelve a la esencia misma de la política municipal: el compromiso irrenunciable con la tierra, la justicia social y el porvenir de la comunidad francorrinconesa.