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El Padre José María Juárez:

El benefactor que salvó de la hambruna a los tejedores del Rincón

SERIE ESPECIAL:

PERFILES CONMEMORATIVOS 420 AÑOS DE SAN FRANCISCO DEL RINCÓN

Por: Alicia Juárez

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SAN FRANCISCO DEL RINCÓN, GTO. — Corría el año de 1917. México se convulsionaba bajo los estragos de la Revolución y en el Bajío la escasez de alimentos, la parálisis del ferrocarril

y la hiperinflación amenazaban con devastar a las familias más humildes. En San Francisco del Rincón, donde miles de hombres, mujeres y niños dependían exclusivamente del tejido de palma para llevar el pan a sus mesas, la falta de materia prima desató un periodo crítico.

Fue en ese momento crucial cuando emergió la figura indomable del presbítero José María Juárez, un hombre entregado en cuerpo y alma a la protección de las clases trabajadoras.

Una vida dedicada a la enseñanza y el servicio social

Aunque nació en la ciudad de León el 19 de marzo de 1880, el destino del padre Juárez quedó marcado a fuego con San Francisco a partir del 1º de febrero de 1910. Llegó a la ciudad para ocupar la prefectura del Colegio del Divino Salvador y la capellanía del Templo de la Purísima Concepción.

Dotado de una vocación pedagógica admirable, el sacerdote convirtió las aulas en espacios de disciplina, superación e inculcación de valores para generaciones de niños y jóvenes francorrinconeses. Sin embargo, su ministerio trascendió con rapidez los muros de las iglesias para volcarse por completo a las calles y barrios obreros.

La travesía para rescatar la industria del sombrero

En 1917, con las vías férreas interrumpidas y el encarecimiento desmedido de la palma traída desde la tierra caliente de Michoacán, los pequeños talleres familiares de sombreros quebraron masivamente. El acaparamiento de granos y materias primas por unos cuantos especuladores amenazaba con sumir a la ciudad en una catástrofe social.

Lejos de conformarse con la oración, el Padre Juárez se convirtió en un líder de acción. Viajó personalmente a la Ciudad de México y tocó las puertas de las más altas dependencias gubernamentales del gabinete carrancista. Exigió la asignación prioritaria de vagones de carga para abastecer de granos básicos al pueblo y trasladar atados de palma a precio justo para los tejedores. Gracias a sus gestiones, la microeconomía del sombrero pudo mantenerse en pie.

Décadas más tarde, el profesor Fortino López Robles recordaría con admiración: "Si el padre Juárez no hubiera sido ministro católico, habría sido un formidable líder social, un conductor de multitudes y forjador de estructuras más humanas e influyentes".

El arquitecto de la tradición de las Iluminaciones

Al Padre Juárez se le atribuye también el impulso y la consolidación comunitaria

de una de las festividades más queridas del municipio: Las Iluminaciones.

A partir de la tradición decembrina en honor a la Purísima Concepción, amplió los recorridos barriales e involucró activamente a los vecinos de San Antonio, San Miguel, El Río, Santa Rita y El Llano, transformando las noches de fin de año en festivas verbenas de cohesión social.

Fallecido el 4 de marzo de 1965 a las vísperas de cumplir los 85 años de edad, el legado del Padre Juárez permanece como un faro de caridad, justicia social e identidad para los ciudadanos de San Francisco del Rincón.

   MEMORIA Y COMUNIDAD
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• 1910: Arribo a la ciudad y nombramiento en el Colegio del Divino Salvador.
• 1917: Gestión directa ante el Gobierno Federal para rescate de la industria.
• Impulsor de la ampliación barrial de las tradicionales "Iluminaciones".



A 420 años de la fundación de la ciudad, recordar a aquellos pioneros del gobierno local nos devuelve a la esencia misma de la política municipal: el compromiso irrenunciable con la tierra, la justicia social y el porvenir de la comunidad francorrinconesa.

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